jueves, 7 de julio de 2011

Remember.



Levantarme a las seis de la mañana todos los días, esperando que hayas vuelto y que tu ropa vuelva a estar en mi armario, pero no es así... Y otra vez vuelve a sonar nuestra canción en la radio, esa que tanto te gustaba tararear a todas horas. Entro en el cuarto de baño y, donde antes todo era para dos, ahora todo es para uno. Las toallas ya no huelen a ti. Me dirijo a la sala y me siento en el lado izquierdo del sofá, en el derecho siempre te sentabas tú, ¿recuerdas?. Decías que era porque desde aquel lado del sofá la luz no te molestaba tanto y podías ver lo preciosa que era con total claridad. Y sí, otra vez vuelvo a mirar a tu lado del sofá, para comprobar que ahora está vacío, que ahora ya no estás. Suspiro e instintivamente una lágrima cae por mi mejilla. Me levanto y bajo a la calle, vestida únicamente con esa camiseta vieja de los Rolling Stone que te dejaste olvidada bajo mi cama cuando te marchaste. Camino, decidida; sé perfectamente hacia donde me dirijo. Y, después de atravesar la ciudad, por fin consigo llegar... El muelle del puerto, el lugar en el que empezó todo esto. Recuerdo aquel día como si fuera ayer... Era un Viernes de Enero, los barcos del puerto estaban amarrados y no había nadie por las calles; hacía frío. Yo necesitaba estar sola y había salido a dar un paseo por el puerto. Y entonces te vi... cigarrillo en mano y una vieja Harley negra aparcada a tu lado; una chupa de cuero negra, unos vaqueros y tu habitual pelo algo cortito pero despeinado. Estabas apoyado en una barandilla; me acerqué y me apoyé a tu lado. Giraste la cara y me sonreíste. Recuerdo que me preguntaste "¿Qué hace una chica como tú por aquí?" Te miré y te respondí "Lo mismo que tú, supongo"; no me contestaste. Empezó a llover. Tiraste la colilla al mar y te subiste a tu moto; arrancaste y diste media vuelta. "¿Te llevo a algún lado, guapa?" "¿Estás loco? No pienso subirme en una moto con un desconocido" Entonces te bajaste de la moto, te acercaste a mí y me susurraste al oído "A veces, es mejor lo malo por conocer que lo bueno conocido". En aquel momento te dije que el refrán no era así y tú te reíste. Ahora lo he entendido... porque a pesar de todo lo que estoy llorando hoy, aquí mismo, por ti, en el sitio en el que todo comenzó, no me arrepiento lo más mínimo de nada de lo que he vivido a tu lado. No me arrepiento de haberme subido contigo a aquella moto aquel día; no me arrepiento de esa sensación de adrenalina ni de las mariposas en el estómago cuando arrancaste la moto y yo me aferré fuertemente a tu cintura, cerrando los ojos. No me arrepiento de haber dejado que me robaras un beso cuando me dejaste delante de la puerta de mi casa... No me arrepiento lo más mínimo de haber pasado los mejores momentos de mi vida a tu lado. Entonces, parpadeo un par de veces para que las lágrimas caigan y poder aclararme la vista. Miro hacia el horizonte y observo el amanecer sobre el mar que brilla bajo la tenue luz de los primeros rayos de sol de un nuevo día. Suspiro, cierro los ojos y sonrío al recordar aquella sensación de estar volando que sentí el día que me llevaste a mí casa en tu vieja Harley. Abro los ojos y me doy cuenta de algo... jamás nadie podrá volver a hacerme sentir lo mismo... jamás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario